RESUMEN DE TIPOS DE
GLUCOGENOSIS
TIPO
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SISTEMA ENZIMÁTICO
AFECTADO
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ÓRGANOS
INVOLUCRADOS
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SÍNTOMAS CLÍNICOS
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EPÓNIMO
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0
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Síntesis Glucógeno
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Hígado, músculo
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Hepatomegalia,
degeneración grasa del hígado, hipoglucemia en ayunas
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|
|
Ia
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Glucosa-6-fosfatasa
|
Hígado, riñón
|
Hepatomegalia
y nefromegalia, retraso del crecimiento, intensa hipoglucemia, acidosis,
hiperlipidemia, hiperuricemia.
|
Enf. de Von
Gierke
|
|
Ib
|
Glucosa-6-fosfatasa
translocasa
|
Hígado, leucocitos
|
Como en la
Ia, pero menos grabe. Neutropenia, infecciones digestivas recidivantes
|
|
II
|
Glucosidasa
lisomal (varios tipos)
|
Todos los órganos
|
Hepatomegalia
y cardiomegalia. Pruebas de laboratorio en sangre normales.
|
Enf. de Pompe
|
|
III
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Sistema enzimático
desramificador
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Hígado, músculo,
corazón y leucocitos
|
Hepatomegalia,
hipoglucemia en ayunas, afectación muscular variable.
|
Enf. de Forbes
|
|
IV
|
Sistema enzimático
ramificador
|
Hígado, músculo
y la mayoría de los tejidos
|
En el tipo
juvenil, cirrosis progresiva; en el tipo de comienzo tardío, miopatía
e insuficiencia cardíaca.
|
Enf. de Andersen
|
|
V
|
Fosforilasa
muscular
|
Músculo esquelético
|
Calambres al
realizar ejercicio físico sin aumento de lactacidemia.
|
Enf. de McArdle
|
|
VI
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Fosforilasa
hepática
|
Hígado
|
Hepatomegalia,
hipoglucemia en ayunas, pero a menudo asintomática.
|
Enf. de Hers
|
|
VII
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Fosfofructocinasa
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Músculo esquelético,
hematies
|
Calambres al
realizar ejercicio físico sin aumento de la lactacidemia. Hemólisis
|
Enf. de Tarui
|
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VIII, IX, X, XI:
Enfermedades
raras en las que se hallan involucrados diversos componentes de la cascada
hepática de activación y desactivación de la fosforilasa.
|
INTRODUCCIÓN
Las glucogenosis
pertenecen al grupo de enfermedades raras. Esto ha determinado que muchas
personas afectadas no cuenten en su zona de residencia con especialistas
cualificados y que la información recibida en muchos casos sea escasa, incompleta
y, a veces, errónea. Uno de los grandes problemas con los que se encuentran
los afectados por glucogenosis es la falta de información.
Con esta guía
se pretende, por una parte, presentar a los afectados y familiares un resumen
de la información publicada sobre la glucogenosis tipo I, abarcando los
diferentes aspectos de esta enfermedad y, por otra, despertar entre la comunidad
médica el interés por esta patología. El objetivo último es que se aúnen
esfuerzos, aportando aquéllos sus experiencias en el día a día y éstos sus
conocimientos e investigaciones, para alcanzar un futuro cada vez mejor
para todos los afectados.
Otras asociaciones como la francesa y la inglesa han conseguido en estos
últimos años implicar a reconocidos investigadores, dietistas y médicos
que han contribuido sobremanera a mejorar la información disponible sobre
los distintos tipos de glucogenosis y, sobre todo, la calidad de vida de
las personas afectadas por las mismas. Este es también el objetivo de nuestra
asociación.
¿QUÉ ES LA GLUCOGENOSIS
TIPO I?
La glucogenosis
tipo I (GSD-I) es una enfermedad metabólica, rara y hereditaria, provocada
por deficiencias en el sistema de la Glucosa-6-Fosfatasa (G-6-Fosfatasa)
[1] [2]. Este sistema se compone de 4 proteínas: por una parte, la enzima
catalizadora glucosa-6-fosfatasa, que transforma la glucosa-6-fosfato -proveniente
del glucógeno hepático y de la gluconeogénesis- en glucosa (la deficiencia
de esta enzima provoca la GSD tipo Ia); y por otra, las enzimas transportadoras
de la glucosa-6-fosfato (su deficiencia provoca la GSD tipo Ib), del fosfato
inorgánico (su deficiencia se cree que provoca la GSD tipo Ic) y de la glucosa
libre (su deficiencia se cree que provoca la GSD tipo Id). La enfermedad
fue diagnosticada por primera vez en 1928 por Van Greveld, y estudiada histológicamente
por Von Gierke en 1929 [3].
SINÓNIMOS
Glycogen Storage
Disease Type I (GSD-I)
Enfermedad de
Von Gierke
Glucogenosis
Hepatorrenal
Deficiencia
de Glucosa-6-Fosfatasa
Entrada nº 232200
en McKusick´s catalogue: Mendelian Inheritance in Man (OMIM) [4].
La enfermedad
de Von Gierke o Glucogenosis tipo I, puede incluirse en cualquiera de las
siguientes categorías:
• Glucogenosis.
• Errores innatos
del metabolismo.
• Enfermedades
de depósito de glucógeno.
• Enfermedades
genéticas.
• Enfermedades
raras.
SUBTIPOS CLÍNICOS
Dentro de la GSD-I
los dos subtipos de mayor incidencia son el Ia y el Ib. Se estima que el
subtipo Ia es el más común, y está explicado por un déficit de actividad
de la enzima G-6-Fosfatasa en el ámbito hepático y renal [5] [6] [7]. Por
otra parte, también es relativamente frecuente encontrar pacientes con características
clínicas prácticamente indistinguibles de la GSD-Ia, pero con niveles normales
de actividad enzimática in vitro de G-6-Fosfatasa. Se ha demostrado una
deficiencia del transporte de la glucosa-6-fosfato en esta variedad de la
enfermedad, clasificada como GSD-Ib o pseudotipo I. Más recientemente, se
han podido describir otros dos tipos más raros (Ic y Id), también caracterizados
por deficiencias en las enzimas transportadoras en el sistema de la G-6-Fosfatasa,
pero que aún no son totalmente distinguibles del subtipo Ib, por lo que
todavía existen controversias en cuanto a su categorización.
Las diferencias
clínicas entre el tipo Ia y el Ib no son significativas, con la particularidad
de que los afectados por el tipo Ib presentan, además, infecciones bacterianas
recurrentes y neutropenia (niveles anormalmente bajos de neutrófilos, un
tipo de células blancas de la sangre). Estos últimos, también pueden desarrollar
inflamación crónica del intestino.
INCIDENCIA
Se estima que
la incidencia es del orden de uno cada 100.000 nacimientos. La enfermedad
de Von Gierke se transmite de forma autosómica recesiva.
La
herencia de las enfermedades genéticas se describe tanto por el tipo de
cromosoma en que se encuentra el gen anormal (autosómico o cromosoma sexual),
como por el hecho de que el mismo gen sea dominante o recesivo. Si es dominante,
el gen anormal de uno de los padres es suficiente para provocar la enfermedad
y, si es recesivo, es necesario que ambos genes sean anormales para que
se produzca la enfermedad. Por tanto, la GSD-I está presente tanto en hombres
como en mujeres y es necesario que ambos padres transmitan el gen mutado
para que esta enfermedad se manifieste. Estadísticamente, si ambos padres
son portadores del gen mutado, cada uno de sus hijos tiene el 25% de probabilidad
de heredar la enfermedad, el 50% de ser portador sin desarrollar la enfermedad,
y el 25% de no ser portador.
Mortalidad: Las
principales causas de muerte son convulsiones hipoglucémicas y/o acidosis
grave [8]. En la GSD-Ib, las infecciones pueden ser una causa probable de
muerte [9]. Es posible, por otra parte, que se produzca hipoglucemia profunda
sin síntomas clínicos. Este fenómeno se explica mediante la elevación de
la concentración de lactato en sangre, que sustituye a la glucosa como fuente
de energía para el cerebro.
La mortalidad,
frecuente en otras épocas, se ha tornado ahora en rara si el control metabólico
es el adecuado [10] [11].
CAUSAS DE LA GLUCOGENOSIS
TIPO I
En esta forma
de glucogenosis, el defecto básico es que el paciente no puede convertir
la glucosa-6-fosfato en glucosa libre (sustancia de la que el organismo
obtiene energía). El problema inmediato es la baja cantidad de azúcar en
la sangre; como consecuencia de ello, algunos pacientes, sobre todo niños,
tienen un alto riesgo de sufrir profundas hipoglucemias. Aunque el error
metabólico está centrado en el hígado, también puede existir deficiencia
de la enzima en los riñones e intestino delgado.
En las personas
sanas, el hígado almacena glucosa en forma de glucógeno (usualmente hasta
5 gr. de glucógeno cada 100 gr. de tejido hepático), de manera que, cuando
el azúcar en sangre cae, este glucógeno se convierte en glucosa libre y
conserva el nivel de azúcar normal en sangre (normo glucemia).
Como los pacientes
con GSD-I pueden almacenar glucosa como glucógeno pero no pueden liberarlo
normalmente, con el tiempo se acumulan grandes cantidades de glucógeno en
el hígado. Ciertas hormonas, particularmente el glucagón, se incrementan
en el cuerpo en un vano intento por parte del organismo de hacer crecer
el nivel de azúcar en la sangre. También aumentan considerablemente el ácido
láctico y las grasas en la sangre. Las grasas se movilizan y se almacenan
en el hígado (generando el efecto de hígado graso) junto con el glucógeno,
lo que conduce a un agrandamiento del hígado (hepatomegalia). Por lo demás,
el hígado funciona con normalidad.
SÍNTOMAS DE LA ENFERMEDAD
DE VON GIERKE
La enfermedad
puede manifestarse en los primeros meses de vida, o bien, en los casos menos
graves, hacia finales del primer año. Los recién nacidos pueden presentar
hepatomegalia, distrés respiratorio, lactacidosis y convulsiones hipoglucémicas.
EN LA NIÑEZ:
• Hipoglucemia:
niveles de azúcar en la sangre muy bajos.
• Ausencia de
respuesta a la prueba de glucagón o adrenalina: se incrementa el ácido
láctico en sangre en lugar de los niveles de azúcar.
• Hepatomegalia:
agrandamiento del hígado.
• Aspecto de
“muñeca”: mejillas hinchadas, extremidades y tórax delgados y un vientre
protuberante.
• Intolerancia
al ayuno, necesidad de alimentaciones frecuentes.
• Niveles altos
de ácido láctico, colesterol y grasas en sangre (principalmente triglicéridos).
• Retraso en
el crecimiento lineal y del desarrollo motor.
• Sangrados
frecuentes y hematomas por deficiencias plaquetarias.
• Neutropenia
e incremento en el riesgo de infección y úlceras en la boca o los intestinos
por el mal funcionamiento de los neutrófilos (en el tipo Ib).
EN LA PUBERTAD:
• Retraso de
la pubertad y desarrollo insuficiente.
• Nivel elevado
de ácido úrico que puede provocar episodios de gota [12].
• Adenomas hepáticos,
que si no se tratan adecuadamente pueden derivar en malignos [13].
• Cálculos renales
o insuficiencia renal [14] [15].
• Osteoporosis,
como consecuencia de un equilibrio cálcico negativo.
• Proteinuria
y micro-albuminuria.
DIAGNÓSTICO DE LA ENFERMEDAD
Ante la sospecha
de la presencia de GSD-I, debe ponerse en marcha un proceso de diagnóstico
que incluirá siempre análisis sanguíneos, así como radiografías de hígado
y riñones y pruebas de ultrasonido del hígado con el objeto de detectar
posibles anomalías en dichos órganos [16].
En lo referente
a los análisis sanguíneos debe resaltarse que la hipoglucemia en ayunas
con hiperlipidemia, acidosis láctica y una respuesta disminuida o nula de
la glucemia a la adrenalina y al glucagón, sugieren fuertemente el diagnóstico,
particularmente si se está ante la presencia de hepatomegalia. Por otra
parte, la perfusión intravenosa de galactosa aumenta más el nivel de lactato
en sangre que el de glucosa.
En aquellos casos
en los que no se cuente con un estudio genético previo, el diagnóstico definitivo
de la enfermedad de Von Gierke se lleva a cabo mediante la determinación
de los niveles de la enzima G-6-Fosfatasa y la presencia de depósitos de
glucógeno en el hígado a partir del análisis bioquímico y microscópico de
una biopsia hepática. Se deberá proceder de forma urgente con la extracción
de la biopsia si los síntomas, los análisis de laboratorio y el examen de
los órganos afectados sugieren la presencia de la glucogenosis tipo I. Si
existen antecedentes en la familia que hayan desembocado en la realización
de estudios genéticos tendentes a identificar las mutaciones de los padres,
entonces es posible diagnosticar la enfermedad en nuevos afectados de una
forma rápida, precisa y no invasiva, mediante una análisis de ADN, a partir
de una muestra sanguínea del paciente, que confirmará la enfermedad si se
advierte la presencia simultánea de las mutaciones previamente detectadas
en los padres.
DIAGNÓSTICO PRENATAL Y ANÁLISIS GENÉTICO
Las técnicas utilizadas
para el diagnóstico prenatal de otros trastornos, como el estudio enzimático
de las vellosidades coriónicas o del líquido amniótico, no sirven para detectar
el déficit de la enzima Glucosa-6-Fosfatasa, por lo que el diagnóstico prenatal
vía análisis enzimático se complica enormemente para la glucogenosis tipo
I. En principio, para el subtipo Ia, sí es posible realizar un diagnóstico
prenatal a partir de una biopsia del hígado fetal. En la práctica, sin embargo,
es una opción poco factible, debido a las dificultades inherentes a la extracción
de un biopsia hepática suficientemente grande en un feto, a que la misma
tendría que tener lugar en un estado avanzado del embarazo, y a que, además,
para la GSD-Ia está demostrada una débil presencia de la Glucosa-6-Fosfatasa
en el hígado y riñones fetales, lo que podría dar lugar a equívocos en el
diagnóstico bioquímico [17] [18].
Sin embargo, el
diagnóstico prenatal puede resultar factible, para los diferentes subtipos
de la GSD-I, mediante un análisis genético del líquido amniótico o de las
vellosidades coriónicas, siempre que existan antecedentes familiares que
hayan permitido detectar las mutaciones causantes de la enfermedad [19].
Hasta mediados de la década de los noventa no fue posible la identificación
del gen responsable de la síntesis de la G-6-Fosfatasa, el cual se encuentra
localizado en el cromosoma diecisiete (17q21), para el tipo Ia [20]. En
la actualidad se han descrito ya amplios listados de mutaciones genéticas
que originan la enfermedad de Von Gierke en sus subtipos Ia y Ib [21] [22]
[23] [24] [25], lo cual denota cierta heterogeneidad genética en esta patología.
Estos avances abren, por tanto, la puerta a múltiples aplicaciones, tanto
en el ámbito prenatal como postnatal. De esta manera, surge también la posibilidad
de un diagnóstico genético pre-implantacional como alternativa que ahora
es técnicamente posible, a pesar de lo cual todavía no se ha llevado a cabo
en nuestro país.
TRATAMIENTO
Hasta la fecha,
el tratamiento de la enfermedad de Von Gierke se lleva exclusivamente a
cabo mediante terapias paliativas que, principalmente a través del seguimiento
de unas pautas nutricionales adecuadas, suelen permitir un control aceptable
de la sintomatología de la enfermedad [26] [27] [28] [29] [30] [31] [32]
[33] [34] [35] [36] [37]. No deben desdeñarse, sin embargo, los avances
que se produzcan en el campo de otras incipientes terapias de investigación,
tales como la substitución enzimática y las terapias génicas, que podrían
proporcionar una cura definitiva de la enfermedad en el transcurso de los
próximos años.
TERAPIAS PALIATIVAS
Puede distinguirse
entre las terapias paliativas comunes a los tipos Ia y Ib y entre aquellas
exclusivas del tipo Ib. Las primeras se refieren principalmente a aspectos
nutricionales, mientras que las segundas se centran en el control y la prevención
de episodios infecciosos.
Terapias Comunes a los Tipos Ia y Ib
Las metas primordiales
del tratamiento de la enfermedad de Von Gierke mediante pautas nutricionales
son la prevención de episodios de hipoglucemia que pudieran poner en peligro
la vida del paciente, así como la conservación del hígado en las mejores
condiciones posibles con el objeto de evitar un posible transplante hepático,
ya que éste sería una opción a evitar, en la medida de lo posible, y, en
cualquier caso, el último de los recursos al que acudir en el tratamiento
de esta patología.
El objetivo principal
de las terapias nutricionales consiste en reducir al mínimo la acidosis
orgánica y conservar los niveles de glucemia por encima de los 70 mg/dl,
evitando con ello la hipoglucemia secundaria a una ingesta insuficiente
de glucosa. En el caso de producirse convulsiones hipoglucémicas, será necesario
no sólo recuperar los niveles normales de azúcar en sangre, sino también,
recuperar el equilibrio metabólico mediante la administración de aminoácidos
por vía intravenosa.
Se recomienda,
por tanto, la administración de alimentos de elevado contenido en almidón
separados por intervalos de 2 ½ a 3 ½ horas durante el día, según la tolerancia
individual de cada paciente, que puede combinarse con la ingestión de almidón
de maíz, y complementarse con la administración nocturna por sonda de preparados
líquidos que contengan polímeros de glucosa. Está demostrado que este tratamiento
logra mejorar la supervivencia y corregir los trastornos del crecimiento
y el desarrollo. Tras el inicio del tratamiento, puede verse un brote de
crecimiento de hasta un cm/mes durante el primer año.
La respuesta del
paciente a este tratamiento alimenticio es variable, y aunque suelen mejorar
significativamente la mayoría de los trastornos asociados a la GSD I, éstos
no se corrigen por completo. Los niveles de lactato, ácido úrico y triglicéridos
tienden a permanecer entre leve y moderadamente elevados en la mayoría de
los pacientes.
Alimentación
por vía oral: El paciente debe ingerir pequeñas
comidas de elevado contenido en almidón cada 2 ½ a 3 ½ horas, o con la frecuencia
necesaria para mantener su nivel de glucemia por encima de 70 mg/dl. La
primera comida del día debe producirse treinta minutos antes o inmediatamente
después de que el paciente interrumpa la alimentación nocturna por sonda,
debido al rápido desencadenamiento de hipoglucemia que puede ocurrir tras
la detención de la alimentación intragástrica. Se administran entre cinco
y seis comidas al día por vía oral, dependiendo de la duración de la pauta
de alimentación por sonda y de las necesidades individuales de cada niño.
La última comida debe producirse durante el período de dos o tres horas
previo al inicio de la alimentación nocturna. La alimentación por vía oral
aporta un 60-70% de las kilocalorías en forma de hidratos de carbono, 25-35%
en forma de grasa y 10-15% en forma de proteínas.
La fuente de
hidratos de carbono debe ser fundamentalmente el almidón. Es preciso limitar
o evitar el consumo de alimentos que contengan sacarosa, galactosa y fructosa
(como las frutas, el azúcar de mesa y la leche y derivados) puesto que estos
azúcares se convierten rápidamente en lactato y contribuyen poco o nada
a una ingesta constante y adecuada de glucosa. Debe
subrayarse la importancia de una pauta frecuente de alimentación y de la
ingestión de alimentos con elevado contenido en almidón.
La incorporación
de cierta cantidad de proteínas y grasas a cada comida contribuye a prolongar
el periodo de absorción de la glucosa.
Alimentación
nocturna por sonda: La alimentación nocturna
por sonda precisa de la administración de glucosa exógena a una velocidad
que reduzca la necesidad hepática de producir glucosa, obviando así de forma
eficaz la función fundamental de la G-6-Fosfatasa ausente. La mayoría de
los lactantes y niños normales produce glucosa a una velocidad de 5 a 8
mg/kg de peso corporal/minuto. Para los afectados por la enfermedad de Von
Gierke el ajuste de la velocidad de alimentación por sonda - para alcanzar
un nivel igual o ligeramente superior a la velocidad normal de producción
hepática de glucosa – resulta un factor fundamental en el control de los
niveles sanguíneos de lactato.
La administración
de glucosa a una velocidad de 8 a 9 mg/kg de peso corporal/minuto previene
la hipoglucemia y reduce al mínimo la acidosis orgánica en la mayoría de
los pacientes con GSD-I. Es preciso modificar la velocidad de administración
de forma individualizada, reevaluándola cada tres a seis meses. Toda velocidad
de infusión superior a la indicada puede producir anorexia diurna, incapacidad
de consumir cantidades adecuadas de hidratos de carbono durante el día e
ingesta insuficiente de proteínas.
Resulta esencial
aportar el preparado mediante infusión regular y constante, empleando una
bomba de infusión con sistema de alarma que indique oclusión de la sonda
o fallos de la bomba. La hipoglucemia que sigue a la interrupción de la
alimentación por sonda es mucho más rápida que la que se produce después
de una comida. En algunos casos de detención accidental de la infusión los
pacientes han fallecido a consecuencia de una hipoglucemia rápida y grave.
En el caso de
que el niño se quite la sonda durante la noche, no serían efectivas las
alarmas de la bomba de infusión, ya que no hay oclusión, y la mejor forma
de evitar esto es utilizando un “empapador con alarma”. Se puede ver un
modelo en http://www.nitetrain-r.com.
La mayoría de
los niños puede aprender a introducirse su propia sonda nasogástrica por
la noche sin dificultad. Es preciso instruir a padres e hijos cuidadosamente
sobre el uso y cuidado de la bomba. Si el uso de la sonda nasogástrica no
es viable, debe considerarse la implantación de una sonda de gastrostomía.
Sin embargo, con la preparación adecuada, es posible tratar a la mayoría
de los pacientes mediante sonda nasogástrica u orogástrica. En los niños
con GSD-Ib, debido a su neutropenia, la gastrostomía es muchas veces causa
de problemas por las infecciones del estómago, por lo que, a diferencia de
otras enfermedades, en este caso sería recomendable intentar la alternativa
de la sonda nasogástrica siempre que sea posible.
Tratamiento
con almidón de maíz: En niños mayores, adolescentes
y adultos, puede emplearse el almidón de maíz no cocido (Maizena®) como
alternativa de tratamiento eficaz para pacientes con GSD-I. Se ha demostrado
que la ingestión de 1,75-2,5 gr. de almidón de maíz por kilogramo de peso
corporal cada seis horas, que aporta 5,3-7,6 mg de glucosa por kg de peso
corporal y minuto, mantiene una glucemia relativamente constante, siempre
que la glucemia inicial fuese normal. El tratamiento a largo plazo con almidón
de maíz ha resultado tan eficaz como la alimentación nocturna mediante sonda
nasogástrica en cuanto a conservación constante de los niveles de glucemia
y restitución del crecimiento normal.
Inicialmente no
se recomendaba el tratamiento con almidón de maíz para los lactantes o los
niños pequeños, ya que se creía que niveles propios del adulto de amilasa
pancreática - una de las dos enzimas necesarias para la hidrólisis del almidón
-, no se alcanzan hasta los dos-cuatro años. Sin embargo, en la actualidad
la maicena se introduce antes de la edad de dos años, e incluso se ha utilizado
con éxito en niños de 8 meses.
La preparación
adecuada del almidón de maíz resulta indispensable para un tratamiento adecuado.
Es preciso preparar el almidón de maíz con agua a temperatura ambiente.
Los efectos colaterales típicos (diarrea transitoria, distensión abdominal
y meteorismo) son poco importantes y se resuelven de forma espontánea. Es
importante introducir de forma paulatina el tratamiento con almidón de maíz,
utilizando concentraciones crecientes a medida que avanza el tratamiento,
con el objeto de “madurar” el sistema enzimático del páncreas; aun así hay
niños que no responden a la terapia del almidón de maíz.
Últimamente se
está desarrollando un nuevo tipo de almidón modificado, conocido como
GLYCOSADE®.
 
La Glycosade®:
El objetivo era encontrar un terapia que permitiera a los pacientes afectados
de glucogenosis el poder dormir durante toda la noche manteniendo un buen
control metabólico [38].
Desde el 2002
al 2005 se testaron dos nuevos productos, en el 2005 se realizaron los primeros
estudios en Inglaterra en 21 pacientes afectados de glucogenosis tipo I
y tipo III por parte del Dr. Philip Lee et Kaustuv Bhattacharya.
En los años 2006
a 2007 se realizaron otros dos estudios en EEUU, en Florida, demostrando
que el efecto de la Glycosade era mejor que el de la maicena tradicional
(Argo®). En enero de 2009 es aprobado este producto en Australia y Reino
Unido y, recientemente, en Alemania. Todavía es necesario realizar nuevos
estudios para ajustar bien las dosis y asegurarse que, a pesar de que el
nivel de glucemia sea el adecuado, también se mantiene el lactado en niveles
normales. Se ha observado en los estudios realizados que durante el día
la Glycosade es más lenta a la hora de alcanzar un nivel adecuado de glucemia
que la maicena tradicional.
Más información ...
El transplante
hepático:
El transplante, hoy en día, sólo debe considerarse en aquellos pacientes
que no respondan a un tratamiento dietético adecuado o que hayan desarrollado
adenomas malignos. Corrige la enfermedad tanto en el tipo Ia como en el
Ib; sin embargo, en este último no corrige la neutropenia [39] [40] [41].
Debe resaltarse,
en cualquier caso, que, en el transcurso de las dos últimas décadas, se
ha podido contrastar de manera fehaciente que, en el tratamiento de pacientes
con glucogenosis tipo I, la infusión nasogástrica nocturna (o las tomas
de maicena cruda) asociada a una ingesta de comidas frecuentes durante el
día, contribuye a la prevención o regresión de los adenomas hepáticos.
Terapias Exclusivas del Tipo Ib
El aspecto diferencial
en el tipo Ib está en el tratamiento y prevención de las infecciones recidivantes.
Las alteraciones de los neutrófilos son independientes del control metabólico,
por eso es necesaria la adopción de otro tipo de medidas.
En este aspecto,
la utilización de GM-CSF (factor recombinante humano estimulante de la colonia
de granulocitos macrófagos) y G-CSF (factor estimulante de la colonia de
granulocitos) proporciona, en general, buenos resultados. La dosis recomendada
de GM-CSF es de 7 mg/kg de peso/día, y la de G-CSF de 3 mg/kg de peso/día,
ambas por vía subcutánea [42]. También pueden utilizarse antibióticos de
manera profiláctica, habitualmente Septrim®, aunque, en cualquier caso,
el uso preventivo de los mismos puede ser cuestionable y está sujeto a debate.
TERAPIAS EN FASE DE INVESTIGACIÓN
En el campo de
la enfermedad de Von Gierke, tanto la terapia de substitución enzimática
como la terapia génica se encuentran en estadios de investigación aún muy
incipientes. Cabe esperar, sin embargo, que, a medio y largo plazo, estas
terapias den lugar a tratamientos más efectivos para la GSD-I, de igual
forma que las mismas ya han alcanzado cierto desarrollo en el ámbito de
otras enfermedades raras, o incluso para otros tipos de glucogenosis, como
la glucogenosis tipo II o enfermedad de Pompe.
Terapia enzimática:
Consiste en reponer en el hígado la enzima que falta (G-6-Fosfatasa). El
problema que se presenta, en este caso, es que resulta muy difícil hacer
llegar una enzima producida en laboratorio al lugar adecuado de la célula,
para que allí realice su función. Esto es así porque que el complejo enzimático
de la Glucosa 6-Fosfatasa no está en el torrente circulatorio, ni libre
en el citoplasma, sino que forma parte de la membrana del retículo endoplasmático,
concretamente de la cara interna de dicha membrana. Esta dificultad añadida
complica enormemente la viabilidad terapéutica de la substitución enzimática
en el tratamiento de la glucogenosis tipo I, ya que no bastaría con administrar
la enzima a los afectados, sino que, además, habría que conseguir “instalarla”
en su lugar adecuado. Hasta la fecha, no se han logrado resultados aceptables
en este campo, situación que se ve enormemente dificultada por los escasos
recursos económicos que se dedican a promover la investigación en una enfermedad
catalogada como rara, y, por tanto, considerada poco rentable.
Terapia génica:
Consiste en preparar el gen en laboratorio y luego colocarlo en el lugar
adecuado para que sintetice la enzima G-6-Fosfatasa. La dificultad, en este
caso, estriba en conseguir que los genes utilizados se mantengan en un nivel
terapéutico y por un tiempo prolongado y, por otra parte, en prevenir la
respuesta del sistema inmunológico para que ésta no impida la transferencia
de los genes.
De cualquier modo,
se han obtenido resultados prometedores en varios modelos animales, en los
que a ratones glucogénicos, y más recientemente también en perros glucogénicos,
se les ha infundido con un vector adeno-vírico portador del gen de la Glucosa
6-Fosfatasa. De esta forma, se ha conseguido en los ratones tratados un
incremento en su actividad enzimática, con disminución de los depósitos
en hígado y riñón, descenso de los niveles sanguíneos de triglicéridos,
ácido úrico y colesterol, y elevación de la glucosa. Esta terapia se presenta
como una de las grandes esperanzas de cara a la futura curación de esta
enfermedad, y buena parte de los trabajos de investigación recientes sobre
la enfermedad de Von Gierke se han centrado en dicho campo [43] [44] [45]
[46] [47] [48].
En este
sentido se han producido importantes avances últimamente. En la Universidad de Florida, el Dr. Weinstein y su equipo
han conseguido que un perro afectado de Glucogenosis tipo I sobreviva
más de 20 meses sin necesidad de aporte adicional de glucosa, alimentándose como un perro normal.
Hace algunos años, cuando el Dr. Weinstein y otros colaboradores, comenzaron a discutir
el proyecto, el periodo más largo que había vivido un perro con la
enfermedad era 28 días.
“El éxito está más allá de lo que me habría imaginado en esta etapa,”
dijo el Dr. Weinstein.
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Terapia celular:
Consiste en introducir en el hígado del individuo, afectado con la glucogenosis
tipo I, células madre hepáticas de un individuo sano adulto, lo que conlleva
menos riesgo que un transplante hepático, y los primeros resultados observables
demuestran una corrección en los niveles de glucosa sanguínea, con ausencias
de hipoglucemia e incluso posibilidad de tener una dieta y vida normales
[49]. Aunque se necesitan hacer más ensayos para comprobar la eficacia de
esta terapia, no cabe duda que es una nueva posibilidad en el camino de
búsqueda de una terapia curativa de la enfermedad.
El Dr. Luigi Varesio, Director del Laboratorio de Biología Molecular del
Instituto G. Gaslini de Génova (Italia), durante una conferencia en
Rimini (Convención de la Asociación Italiana de Glucogenosis de 2009),
ha demostrado los brillantes resultados obtenidos por la inyección de
células madre de médula ósea en ratones que sufren de Glucogenosis Tipo
Ia.
Más
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REFERENCIAS
[1]
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• Medline Plus:
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/
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